De “solo por tu seguridad” a vigilar cada paso que daba. Creí que me cuidaba… hasta que instaló una app para seguirme sin decirlo.
Al principio parecía romántico. Me decía que quería saber que estaba bien cuando salía con mis amigas.
Una noche, después de insistir mucho, me pidió que le compartiera mi ubicación ‘solo por seguridad’.
Lo acepté pensando que era algo temporal.
Pero no lo fue.
Semanas después, descubrí que había instalado una app para rastrear cada uno de mis movimientos sin decírmelo.
Cada salida se convirtió en una discusión: ¿por qué estabas en tal calle?, ¿por qué tardaste tanto en volver?, ¿quién estaba contigo?
Una noche, después de salir de fiesta, me esperó en la puerta de mi casa porque mi móvil marcaba que estaba “fuera de ruta”.
Me gritó que le engañaba.
Esa noche lloré en silencio.
Pensé que el amor era cuidarse… pero lo que vivía era control, desconfianza y miedo.