Creía que en pareja todo era válido… hasta que aprendí a escuchar mi incomodidad y dije basta.
Con mi pareja pensaba que había cosas que simplemente se daban por hechas.
Si estábamos juntos, ¿cómo le iba a decir que no?
Cada vez que yo me apartaba o decía que no tenía ganas, él insistía: ‘Eres una estrecha…’.
Y siempre lo hacíamos cuando él decía.
Una noche, después de una discusión, me abrazó y empezó a besarme. Yo estaba enfadada, no quería, se lo dije una y otra vez.
Pero insistió hasta que cedí porque pensé que si no lo hacía sería peor.
Tardé tiempo en darme cuenta de que eso también era abuso.
Que estar en pareja no significa renunciar a mis límites.
Que mi cuerpo y mis ganas también cuentan.