Me hizo creer que ser fuerte era callar lo que sentía
Me convenció de que exageraba, que tenía la piel muy fina y era demasiado sensible. Poco a poco dejé de contar lo que me dolía.
Sentía que no podía contarle cómo me sentía porque siempre me decía que exageraba, que tenía la piel demasiado fina y que debía ser más fuerte.
Nada de lo que me pasaba tenía para él la importancia que yo le daba.
Recuerdo una vez que, después de un día muy difícil en el trabajo, llegué a casa y le conté que me sentía sobrepasada, que incluso pensaba en cambiar de trabajo.
Pensé que me escucharía, pero en lugar de eso me dijo: ‘No es para tanto, deberías acostumbrarte. Si no eres capaz de manejar eso, nunca llegarás a nada’.
Con el tiempo empecé a creer que quizá tenía razón.
Siempre repetía que era tonta, que si no cambiaba nunca llegaría lejos, que debía esforzarme más… y lo típico de “¿qué sería de ti sin mí?”.
Eso no era amor. Era hacerme sentir pequeña y olvidar que merecía algo mejor.